No mucho que contar sin aburrirte, la verdad, aunque en cuatro décadas pasan muchas cosas, también es cierto.
Nacido en Venezuela, nacionalizado Portugués, residenciado en España. He vivido con mi madre, con mis abuelos, con mis padres, en pareja, en familia. He vivido en cinco ciudades distintas de forma permanente, también en otras tantas de forma temporal. He viajado. Para unos mucho y para otros poco, para mi lo suficiente.
De lo anterior, cada frase, aunque parezca escueta alberga un significado que da para páginas enteras, imposible ahora de resumir, así que simplemente digamos que a esto lo llamo Vivir.
Me dediqué desde muy pequeño al arte/deporte que me gustaba, por suerte o por desgracia fue por pasión y compromiso y no por dinero, así que hubo mucho de lo primero, poco o nada de lo segundo. Ahora tengo algunas cosas y echo de menos otras tantas. Tengo un cinturón negro guardado en un cajón de mi hogar y una serie de principios y valores resultado del paso del tiempo combinado con la amalgama que forjan esa dupla Dojo-Hogar. Una pila enorme de recuerdos guardados en mi memoria, eso también lo tengo.
Gané diplomas, medallas y trofeos. Sólo me queda un diploma, lo demás no tengo ni idea de donde está y vivo tranquilo con ello. Algún puñado de fotos sueltas, eso quedó. Un vídeo borroso que se puede encontrar en internet, entonces no, vídeos no quedaron, mala suerte que todo pasó antes de la era digital. Esta parte me habría gustado poder enseñársela a los míos que llegaron o llegarán después, ahora tendrán que aguantar a un cuenta cuentos. Aunque en las etapas finales fue muy serio y requirió mucho esfuerzo, esto para mi ha sido Jugar.
Me gusta pensar que Vivir y Jugar resumen buena parte de lo que soy como persona. Ahora te cuento el resto.
Entremedias, apenas cuando comenzaba a afeitarme, me puse a escribir código, estudié y construí una carrera de ello. Una carrera con varias ramificaciones, pero es de hecho a lo que me dedico profesionalmente hoy en día y desde hace más de dos décadas.
A veces escribo código para mi, otras veces para otros, por momentos intento ayudar a otros profesionales como yo, algunas veces aporto trazando estrategias para el equipo del que formo parte, otras veces sigo las que me vienen dadas. La mayoría de veces intento que surjan por consenso, a veces lo consigo, otras no. He podido incluso experimentar lo que es dirigir una parte de una empresa en solitario, y su conjunto en equipo.
En su momento participé en la formación de nuevos profesionales. Fui uno de los Profesores más jóvenes de mi Facultad, y aunque eso no es más que un dato, sigo orgulloso de ello, no se si por el hecho en si mismo o por saber que a mi padre, Profesor Universitario de profesión, le habría hecho ilusión verme en ello. También es cierto que quedó tan lejos ya que parece haber sido en otra vida, lo he traído en un minuto para contártelo y ya se irá de nuevo a su lugar.
A toda esta parte de mi vida la llamo Ayudar, tanto a mi mismo como a otros. Aunque suene con un tono optimista, te invito a seguir hasta el último párrafo, porque no es oro todo lo que lo parece.
Me he rodeado de muchas personas, para mi unas maravillosas y otras menos. He querido, odiado, ignorado, desdeñado, añorado, apreciado, estimado... vaya si es rico nuestro idioma para expresar sentimientos. Dejémoslo en que he amado así: unas veces mucho, otras menos, otras nada y otras en negativo. Algunas de esas personas siguen presentes en mi vida, de ellas algunas no quiero que se alejen nunca, pero hay cosas que están en parte en mi mano y otras no, eso lo entiendo. Algunas ya no siguen conmigo más que en mi alma, otras en mi corazón, otras en mi memoria, otras en mis recuerdos, algunas ya ni eso. Si, a esto lo llamo Amar.
Como ya lo puedes estar pensando, Ayudar y Amar es ese resto que dejé pendiente unos párrafos más arriba y que cierran la definición de quien soy, que es de lo que va este texto.
Casi desde siempre y casi sin saberlo me ha gustado escribir. E igual que a esa gente a la que parece que lo que le gusta es escucharse, te confieso que además de escribir, también me gusta leerme. Leo lo que escribo una y otra vez, soy yo mi principal lector y creo que es primera vez que lo expreso en alto. ¿Es eso bueno o malo? Ni idea.
Por supuesto que faltan cosas que contar, pero ni yo creo que tiene sentido contarlas ahora ni tu querrás leerlas tampoco, porque entraste aquí esperando una presentación corta y te encontraste casi un ensayo, lo siento si te he incomodado por ello. Habrás visto que la capacidad de síntesis puede no ser lo mío, aunque lo intento.
Cierro sin ponerme pesimista a posta, pero si por resumir mi visión de mi mismo en este momento vital: que viví y vivo, jugué, amé y amo, ayudé y ayudo. Con todo ello estoy en paz, en parte, porque también siento haberme metido de cabeza en la tan conocida y denostada rueda del hámster (el Día de la Marmota también es una buena analogía), y aquí voy como todos, corriendo esa carrera que parece ser siempre la misma y no acabar nunca. No es más que una sensación, lo se, pero me controla. Ahora mismo miro a los lados de la rueda, si algún día salgo aunque sea a por un café, te cuento.
Gracias por leer.
Manu.
